sábado, 31 de agosto de 2013

CRITICA: DAN SWANÖ, "Moontower" (1999)

Artista: Dan Swanö
Álbum: Moontower
Género: Melodic Death Metal/Progressive Metal
Nota: 10/10



Cuando a uno le da por citar a alguno de los genios creativos que pululan por el universo “deathmetálico”, rápidamente aparecen los nombres de Chuck Schuldiner, Mikael Akerfeldt, Peter Tägtgren, Ihshan, Devin Townsend o Trey Azagthoth entre otros. Pero, injustamente,  en pocas ocasiones veremos en dicha lista a uno de los compositores más grandes que haya parido madre, aparte de ser también uno de los productores más importantes en la historia del Death Metal, como no, hablamos del gran Dan Swanö. Solo con mencionar algunas bandas producidas por él a uno ya le entran escalofríos, Opeth, Marduk, Dissection, Katatonia, Novembre, etcétera, y si nos vamos a los proyectos musicales la cosa ya se sale de madre, Bloodbath, Edge of Sanity, Pan.Thy.Monium y otro largo etcétera.

Hablamos sin duda de uno de los artistas más polifacéticos que jamás haya dado la escena. Multiinstrumentista y tremendo vocalista, el metal jamás ha hecho justicia con su carrera, y la mayoría de sus proyectos siguen siendo exclusivos para unos cuantos arqueólogos del metal, que una vez descubren alguna de las formaciones en las que ha trabajado este individuo, deciden indagar más y más para ir conociendo todo lo que ha sido capaz de inventar este monstruo a lo largo de su carrera. Curiosamente este “Montoower” es el único disco donde todos los instrumentos corren exclusivamente a cargo de Swanö, y el resultado no podía ser mejor.

Para fabricar semejante maravilla el señor Swanö se toma un relativo descanso de su banda principal Edge of Sanity, y trabaja duro para elaborar una de las gemas preciosas más relucientes que jamás haya tenido el sector del Death Melódico Progresivo. Sí, hoy te avanzo la primicia y si andas algo gandul te ahorras leer la reseña entera, OBRA MAESTRA, así en mayúsculas, no hay más, si piensas discutírmelo me da igual, porque no te voy a hacer ni caso, mejor dicho, “Moontower” por si solo posee tantos argumentos para defenderse que, cayendo por su propio peso, va a acabar dándome la razón.

“Moontower” es de ese tipo de discos que entra hasta sin querer, su Death Melódico es tan y tan agradable, tan sutil, tan melodioso, tan hipnótico y adictivo, que cuando uno acaba de escuchar sus escasos tres cuartos de hora de duración, tiene la irresistible tentación de volver a darle al play, pues es un trabajo que podrías estar escuchándolo durante días enteros sin descanso que jamás te cansarías de él. “Moontower” no necesita ningún tipo de predisposición anímica para ser degustado, tengas el día que tengas, te sientas como te sientas, si mirando cajas de cd’s se cruza en tu camino esta delicia, lo vas a acabar poniendo sí o sí. Y es que parecerá una tontería, pero uno necesita un estado de ánimo concreto (ganas de partir cabezas) para zumbarse un “Breeding the Spawn” de Suffocation, o un “Icon” de Paradise Lost (fase depresiva total). En cambio “Moontower” siempre viene bien, un disco de Death Metal de los que “no hacen daño”, de los que te alegran el día, en ese sentido, y comparándolo con discos de un estilo relativamente similar, me recuerda bastante a un “Swansong” de Carcass, un “Colony” de In Flames, o un “Wolverine Blues” de Entombed.

Así que avisado estás, hoy no toca partir cervicales ni encabronarse como un mandril con almorranas. Dan Swanö ha fabricado este proyecto tan exclusivo y personal, para hacerte pasar un buen rato disfrutando de una mezcla única entre Death Metal, presente sobretodo en las voces y la distorsión de las guitarras, con rock progresivo de los setenta, con los teclados como principal baza. O tal y como lo definió el mismo Swanö en su momento, “Moontower es como si Rush hubiese decidido hacer Death Metal en los setenta”, y por supuesto razón no le falta.

“Moontower” es de esos discos que te atrapa desde el segundo cero, solo con el primer riff de teclados uno ya se pone en alerta, esto promete, y sin tiempo a perfilar ninguna duda ya aparece esa distorsión de guitarra tan cruda y la apabullante voz de Dan para acabarte de convencer. Por si no tienes suficiente en 2:18 tienes un breve impás que te dejará perplejo por lo bien que encaja con el todo de “Sun of the Night”, vuelta a la carga, y en tan solo un minuto aparecen de nuevo las acústicas seguidas de una preciosa melodía de piano que a su vez da paso a uno de los mejores solos de todo el disco, secundado por una base rítmica tan sencilla como efectiva.

¿Qué, cómo se te ha quedado el cuerpo? Estás alucinando, seguro, al menos el aquí presente se quedó helado a las primeras de cambio, y eso que yo soy bastante malo en las primeras escuchas. Pues si con el primer tema has flipado agárrate bien, porque el nivel del resto del disco es exactamente igual de alto, incluso me atrevería a decir que en algunos cortes Dan intentará superar la barrera de la perfección. “Patchworks” entra con unos teclados de película de ciencia ficción de los años ochenta que pronto desembocan en un tremendo riff de guitarra que vuelve a patearte el culo por su sencillez colmada de gancho. ¿Cómo se puede hacer que algo suene tan relativamente sencillo y a la vez sea tan adictivo? Suerte que al señor Swanö no le dio por fabricar drogas de diseño, porque si no seguro que se hubiese multiplicado el número de sobredosis. Y hay más, el resto de riffs tanto de teclado como de guitarra que van apareciendo siguen siendo puro veneno dulce, y si a todo esto le sumamos lo soberbio del trabajo en las voces pues ya lo tienes, dos cortes de 10 seguidos.

El problema lo tengo yo ahora, pues os acabo de ensalzar los dos primeros temas como si fueran la quinta esencia, y resulta que “Uncreation” se muestra incluso unas décimas superior a sus antecesores. Los teclados de “Uncreation” son una de las cosas más bellas que un servidor se ha llevado a la oreja en su carrera como metalhead, que exquisitez, que delicadeza, que finura, que… Tercer tema y ya me estoy quedando sin adjetivos, acabar esta reseña va a ser una ardua tarea, y eso que solo son ocho cortes. Los dos solos siguen por la misma línea de lindeza musical, y si a esto le sumamos la energía con la que Dan canta en este corte, apaga y vámonos. Cada vez que pronuncia la frase “Oh uncreation” se me ponen los pelos como escarpias, de verdad.

“Add Reality” sigue por los mismos derroteros extra melódicos, con unos teclados que lo abarcan todo y otro magistral trabajo de Dan a la voz, llegando a su punto culminante en el minuto en 4:50 cuando después de un breakdown de piano el maestro se arranca con unas preciosas voces limpias cargaditas de sentimiento que se alargaran hasta cerrar el corte, no en vano la letra de la canción es muy melancólica sin caer en la ñoñería, y este detalle le va al pelo.

Después de dos cortes tan ralentizados toca un poquito de marcha, Dan es consciente y “Creating Illusions” entra bastante animada, el corte más “opethiano” del disco, algo se le tenía que pegar del amigo Akerfeldt después de haber trabajado con él, aunque seguro que su compadre jamás hubiese “abusado” de los teclados como lo hace él. “The Big Sleep” se muestra en una línea muy similar, vamos que se parece un montón pero es diferente, menudo maestro. En el minuto 2:42 vuelven a aparecer las voces limpias (por segunda y última vez) con la misma emotividad o incluso más si cabe que en “Add Reality”. La pregunta es obligada, señor Swanö ¿porqué no hay más voces limpias en el disco con lo buenas que son y lo bien que quedan? Solo el crack sueco tiene la respuesta, y me da que no me la va a contestar a mí.

“Encounterparts” aparece como el único corte instrumental del plástico, y por si todavía no habías detectado el tufillo a Rush en lo que va de disco (debes de tener la nariz muy pero que muy tapada), este temazo te sacará de dudas. ¿Alguien dijo YYZ? Efectivamente, no hay que ser un genio para ver el parecido entre el inicio de la mítica pieza de los canadiense y “Encounterparts”. Esta instrumental, sin ser la quinta esencia técnicamente hablando, es un corte sólido y muy bien cohesionado, lejos de sonar a un montón de ritmos enganchados con silicona, la canción fluye como agua de manantial, ruidosa pero agradable y continua. Deslizándose sutilmente por tus neuronas y dejando una huella tenue pero impertérrita en tu cerebro. Te has quedado totalmente acojonado, tienes la irresistible tentación de tirar hacia atrás para volverla a escuchar, pero hay que ser fuerte, solo te queda un tema y seguro que no te lo quieres perder, además a estas alturas ya sabes que en cuanto acabe el disco lo vas a volver a poner, tal y como ya te advertía yo unos párrafos más arriba.

“In Empty Phrases” sigue con la tónica general del disco, poca velocidad, mucha melodía, preponderancia de los teclados y Swanö con su particular exhibición vocal. Puede que por momentos veamos aquí algunos destellos de los neoyorquinos Dream Theater, no en vano siempre fueron alumnos aventajados de los canadienses Rush.

Y ahora sí ya os dejo tranquilos, crónica completa para un disco que se merece todas estas líneas y dos millones más, una deslumbrante pieza de orfebrería metálica que se da una vez cada equis años. “Moontower” no es el disco más rápido, ni el más técnico, ni el más complejo, pero contiene una magia especial que lo convierten en único e irrepetible. La mejor formación posible y la mejor producción que el dinero puede pagar, no pueden asegurar una obra magna de este nivel. “Moontower” con mucho menos, acaba llegando como al alma como cualquier otra master piece de “lo nuestro”. El dinero puede comprar muchas cosas, pero el talento y la inspiración no. Y si a día de hoy todavía no hemos disfrutado de un “Moontower II”, creo que es porque el señor Dan Swanö es consciente de que sería imposible volver a plasmar un trabajo tan mágico como este.

Un par de regalitos, dos joyazas "Sun of the Night" y "Uncreation":





CRITICA: WATAIN, The Wild Hunt (2013)

Artista: Watain
Álbum: The Wild Hunt
Estilo: Black Metal/Melodic Black Metal
Nota: 8/10



¿Evolución, madurez o asalto comercial? No es demasiado habitual comenzar una reseña haciéndose esta pregunta, pero esas fueron las dudas que asaltaron al que hoy escribe después de la primera escucha del nuevo trabajo de Watain “The Wild Hunt”, por diversos factores que intentaré ir desglosando a lo largo de este escrito. Los suecos Watain vuelven a la carga con el que sin duda va a ser el disco de su carrera de mayor controversia, un trabajo que agradará a muchos, que les hará ganar nuevos adeptos y que puede enojar a cierto sector más “true” de seguidores. Cierto es también que Watain han llegado a un punto de su carrera en que gracias al respeto conseguido con sus anteriores trabajos, ya pueden permitirse el lujo de orientar su carrera hacia donde más les plazca sin tener que justificarse ante nadie.

La verdad es que tampoco hace falta ser alarmista, no estamos hablando de ningún giro de ciento ochenta grados, y además al buen seguidor de los suecos, este movimiento tampoco debe resultarle excesivamente sorprendente, pues es algo que hasta cierto punto era previsible. No en vano siempre fueron considerados como los nuevos Dissection, y sus compañeros de armas, dentro de su propuesta Black, siempre incluyeron muchísima melodía y cantidad de detalles afines al Heavy tradicional.

Después de escuchar el disco un buen número de veces y reflexionar un poquito, uno puede responder a la pregunta del principio haciendo uso de las tres posibilidades planteadas. “The Wild Hunt” es el claro reflejo de la evolución y madurez tanto personal como musical, de unos chavales que con apenas veinte años ya sorprendieron al sector Black su disco debut “Rabid Death’s Curse”. Un trabajo rabioso y rebelde, con una horrible producción y con un Hakan Jonsson que tenía unos problemas terribles para clavar los tempos. Pero el disco desprendía una energía y visceralidad que únicamente pueden generar las hormonas de un adolescente cabreado con el mundo, y les valió para conquistar el corazón negro de los seguidores más “trues”. De ahí en adelante cada disco fue un pequeño paso en su progresión, y ahora, pasada ya la barrera de los treinta, definitivamente han decidido bajar pistonada.

En cuanto a la tercera posibilidad, la cosa está clara. Por mucho rollo que nos quiera vender el señor Erik Danielsson sobre la lealtad de la banda a la filosofía del Black Metal, el corpse paint pertinente, los pinchos, el cuero, las tachuelas, las fotos con serpientes, y demás “truismos” varios, al final lo que acaba siendo importante es lo que mueve este jodido mundo, que es sin duda el dinero. Y Watain son más que conscientes que con este disco aumentan considerablemente las posibilidades de abarcar un mayor número de público, y por ende, de ganar más dinero. Solo hay que ver el nivel de marketing alcanzado con el lanzamiento de este nuevo trabajo (camiseta de regalo para los primeros cincuenta compradores del disco, una edición limitada Box Set con dos 7”, tapete de altar, postales, pin y no sé cuantas chorradas más).  Y una cosa no debe estar reñida con la otra, que una banda pase a ser más accesible por así decirlo no implica que el material en cuestión sea malo. Para muchos el “Countdown to Extinction” de Megadeth es una obra maestra, y supuso un bajón de revoluciones considerable respecto a su anterior “Rust in Peace”.

La atmósfera lúgubre en los trabajos de Watain siempre ha sido una constante, y tiene su mérito pues ya sabemos lo reacios que son los suecos a utilizar teclados, orquestaciones o cualquier otra “ayuda” para conseguirlo (aunque en este disco se les escapan algunas). En esta ocasión la intro inicial “Night Vision” se encarga de dicha tarea con muy buen resultado, y eso que el tema en sí no es ninguna proeza, pero consigue meternos de lleno en el universo oscuro de Watain. Acto y seguido aparece el primer trallazo del disco “De Profundis”, riff asesino, explosión y a darle cera, tema completito, con muy buenas guitarras y que sirve para darnos cuenta de que la producción del disco está más cuidada que en entregas anteriores, siguen sonando crudos y Old, pero los instrumentos se oyen con una nitidez que no habían conseguido hasta la fecha.

Espero que el anterior corte os haya cundido, pues van a tener que pasar unos cuantos temas hasta encontrar un trallazo de similares características. Las siguientes “Black Flames March” y “All That May Bleed” se mueven en unas constantes menos veloces, cercanas al medio tiempo, intentando conseguir la intensidad a través de atosigadores riffs estirados y los juegos de voces de Danielsson, sin duda me parece mucho mejor el segundo corte que el primero, mucho más dinámico, con una escala que cuando sube pone los pelos de punta, y unas líneas de bajo muy potenciadas que quedan de cine.

“The Child Must Die” es un tema sorprendente, posiblemente el momento clave donde comienza el giro sonoro del disco. Arranca con un riff muy heavy sustentado en una cabalgada de doble bombo más propia del Power que del Black. El tema va intercalando compases más lentos con nuevos ataques de batería, siempre con una línea melódica que posee mucho gancho, y nos va preparando el cuerpo para el que es sin duda el “sorpresón” del disco, la balada “They Rode On”. Sí, sí, habéis leído bien, una balada en toda regla, sin esconderse, ni medios tiempos ni ostias, y con Danielsson cantando el tema íntegramente con voces limpias. Ahora viene cuando tendría que deciros que el tema en sí llega a lo más profundo del alma…que es fría y cálida a la vez…y otras ascensiones del espíritu, pero que queréis que os diga, sinceramente pienso que es un corte que se queda a medio camino. El tema tiene su aura mística, un rollete melódico que me recuerda bastante a “Children of the Damned” de Iron Maiden, pero creo que hay un par de errores. Primero su excesiva duración (casi nueve minutos), y segundo pienso que al igual deberían haber buscado una colaboración en las voces para el tema en cuestión, pues la voz de Danielsson no es que sea precisamente prodigiosa. Sin duda este será uno de los cortes del disco que más va a dar que hablar.

Tal y como era de esperar, después de tal afrenta Watain ataca con el segundo trallazo del plástico “Sleepless Evil”. Que ya entra de buen inicio con un blast beast a palo seco al que se le irán uniendo el resto de instrumentos. Tema certero, macarra, hardcore de inicio, con interludio pausado pasado el horizonte y posterior solo salvaje. El corte en sí no es nada del otro mundo y acaba convirtiéndose en una frontera obligada entre la balada anterior y “The Wild Hunt”, que acaba siendo una especie de segunda balada embutida en el cuerpo de un medio tiempo, incluso en algunos momentos las guitarras son tan similares a “They Rode On” que a uno le parece estar escuchando la continuación de dicho tema. Eso sí, el final con guitarra española queda cojonudo.

Y después de tanto adormecimiento llega uno de los cortes más interesante del disco, “Outlaw” entra fresca y dinámica, con cierto aire modernete, propio de bandas como Dimmu Borgir o Old Man’s Child. Poco tarda en embalarse, y al final acaba descubriéndose como una gran pastilla de anfetaminas que sirve para reactivarnos un poquito. Y de verdad que nos va a hacer falta, pues el siguiente tema “Ignem Veni Mittere” es puramente instrumental, y brilla mucho más por su melodía que no por su fuerza y velocidad. Encontraremos consuelo pues en el último corte del disco “Holocaust Dawn”, que a modo de resumen contiene un poquito de todo, partes algo más veloces combinadas con buenas dosis de melodía y acertados pasajes cargantes aguantados con el incombustible doble bombo de Hakan.

“The Wild Hunt” va a ser sin duda el disco de la discordia, convencido estoy de que algunos lo ensalzarán como la quinta esencia del Black Metal y otros lo catalogarán como el principio del fin de Watain. Yo por mi parte me mantengo de forma prudente en un término medio, creo que es un buen trabajo, disfrutable, pero que en algunos momentos se hace algo tedioso. Personalmente valoro mucho el empeño, ahínco y dedicación de estos chicos, que sin ser ningunos genios han conseguido perfilarse como una de las bandas más reputadas de la escena blackmetalera actual, aunque no sé hasta qué punto han ganado tal reconocimiento por la calidad de sus trabajos o por lo huérfana que anda la escena Black actual de buenas formaciones.

Aquí os dejo con uno de los temas que mejor define este cambio de rumbo, "All That My Bledd", a medio camino entre lo agresivo y su lado más melódico/heavy:



  



sábado, 6 de abril de 2013

CRITICA: PERSEFONE, Spiritual Migration (2013)


Artista: Persefone
Álbum: Spiritual Migration
Estilo: Progressive Metal/ Technical   
Metal/ Death Metal
Nota: 10/10



Los andorranos Persefone son un claro ejemplo de lucha, dedicación y determinación, hablamos de intentar triunfar con una propuesta de Metal Progresivo en un país de “tanta” tradición metálica como Andorra, ahí es nada. Esto no es Canadá, Estados Unidos o el norte de Europa, aquí deportistas, políticos y famosos suben a esconder sus sacas de dinero para evadir impuestos. Y los ciudadanos de a pie subimos a comprar los paquetes de azúcar de diez kilos, chocolate, tabaco y alcohol, y justo antes de partir llenamos el depósito del coche a tope, pero ¿Metal?

Pero bueno, los chicos de Persefone no son originarios totalmente de Andorra, si no que tienen doble nacionalidad y también pertenecen a otro maravilloso país, bueno a otra galaxia paralela diría yo llamada “Progressiveland”. Un lugar mágico, habitado por unos pocos escogidos visionarios inconformistas decididos a llevar la música a unos extremos de complejidad y sutileza inalcanzables para la mayoría de los “mediocres” mortales. Rush, Death, Opeth, Dream Theater, Pagan’s Mind, Devin Townsend o The Faceless, son algunos de los habitantes de ese fructífero microcosmos del cual Persefone han pasado a formar parte por méritos propios.

Después de sorprender a propios y extraños con su anterior “Shin-Ken”, Persefone vuelven a la carga con otro discazo de exquisito Metal Progresivo con algunas influencias de Modern Metal (del bueno), véase bandas como Soilwork o Scar Symmetry, que se hacen evidentes sobretodo en los juegos entre voces limpias y guturales, y alguna que otra reminiscencia a sus compañeros de generación The Faceless, estos últimos en una onda más orientada hacia el Technical Death Metal Progresivo. Pero no adelantemos acontecimientos, vamos sin prisas que el disco de hoy bien lo merece.

“Spiritual Migration” es un claro intento de llegar a lo más profundo del alma a través de la música, un ejercicio musical de setenta minutos de duración que invita a la reflexión y a la meditación en algunos cortes…pero también a partirse las cervicales en otros. Aun así la vertiente que domina es la primera, clara muestra de ello es que de los trece temas seis son instrumentales. Dichos cortes van apareciendo de forma intercalada a lo largo del disco para ayudar a mantener una atmósfera mística donde la belleza musical fluye con total naturalidad.

A destacar sin duda por encima de las demás las dos partes de “Consciousness” (Sitting in Silence) y (A Path to Enlightenment), una auténtica exhibición de técnica impoluta ejecutada con brillante maestría y tremenda sensibilidad. El aroma a Dream Theater es más que evidente, pero es que la maquinaria progresiva, lejos de estancarse, sigue su evolución natural, y si Dream Theater se erigieron como la versión más Heavy de los maestros canadienses Rush, ahora le toca a Persefone dar el siguiente paso evolutivo pasando a ser la versión Death de los de Nueva York.

No menos impresionantes son “Zazen Meditation” y “Metta Meditation”, ambas de una hermosura que sonroja, dejando un poco de lado el virtuosismo instrumental y centrándose en algo tan difícil como es transmitir emociones a través de la música. Pocas bandas encuentra uno en la escena actual que sean capaces de llegar tan profundo, y es que los metalheads, por mucha dureza que queramos aparentar, también tenemos nuestro corazoncito y Persefone tiene el distinguido arte de llegar hasta a él, y no para herirlo si no para acariciarlo y hacerlo vibrar.

Vamos ahora a por la parte más “dura” del disco, y en ella yo destacaría sobretodo tres cortes (aunque todos son fantásticos), serían “The Great Reality”, “The Majestic of Gaia” y “Spiritual Migration”. La primera muestra la versión más burra de los andorranos, con mucha intensidad en las bases rítmica y con Marc Martins berreando como si le fuera la vida en ello, a partir del minuto 3:35 a uno se le caen los pantalones al suelo, menuda gozada, ojito a Marc Mas en la batería, el bajón de revoluciones, las guitarras melódicas y el posterior subidón donde teclados y guitarras comparten el protagonismo. Evidentemente si nos ponemos a hablar del nivel instrumental de la banda uno solo puede quitarse el sombrero, no hay más. Y por si no has quedado convencido dale un tiento a “The Majestic of Gaia”, otra pasada de tema de casi nueve minutos de duración, minuto 3:27 ataque neoclásico y lo que sigue, pajarillos silbando, la voz melódica del teclista Miguel Espinosa, pelos como escarpias, ahí os lo dejo, supongo que si aun tenías alguna duda se te ha disipado de un plumazo.

“Spiritual Migration” anda por los mismos derroteros, un inicio sublime con esos sincopados abrazados por los sinfónicos teclados de Espinosa, seguimos adelante y pronto aparecen las voces limpias del mismo Espinosa que en este tema está sembrado, llegando a su máxima  esplendor en el estribillo. Puede que a nivel vocal este sea el corte más trabajado (más aun si cabe) del disco, la contraposición entre guturales y limpias llega a una simbiosis y equilibrio total. Y si todavía no has logrado levitar no sufras, los etéreos teclados que aparecen a partir del minuto 4:00 lo van a conseguir, menuda maravilla.

Y aquí acaba la historia, con la relajante “Outro” que nos brinda las condiciones adecuadas para reflexionar sobre lo que ha sido este espectáculo sonoro de setenta minutos de duración. ¿Te ha gustado? Con que te haya cundido la mitad que a mí ya tienes suficiente. Nueva joyita para enmarcar, pieza imprescindible para todo el que disfrute del Death Metal Progresivo de impecable factura y embelesadora sensibilidad. Un disco llamado a marcar a toda una generación dentro del género, y la confirmación definitiva de Persefone entre los grandes.

"Spiritual Migration" para calentar chavales, y después las dos maravillas "Consciouness parte I y II":







martes, 2 de abril de 2013

SKYFIRE, Mind Revolution (2003)



Artista: Skyfire
Álbum: Mind Revolution
Género: Melodic Death Metal /
Progressive Metal
Nota: 9,5/10

Viajamos hoy hasta Suecia para presentaros a esta magnífica banda de Death Melódico Progresivo de nombre Skyfire. Suecos pero su propuesta se decanta más hacia la vertiente de sus vecinos finlandeses, con un parecido más que notable con los primeros Children of Bodom, momentos más a lo Kalmah, y ramalazos de los primeros In Flames, ahí es nada.

Después de su primer lanzamiento “Timeless Departure” en 2001 y las buenas críticas recibidas, vuelven a la carga dos años después con “Mind Revolution”, un disco más maduro y homogéneo, donde abandonan los pasajes más Power para centrarse totalmente en su vertiente más Death. Un auténtico discazo sin fisuras, donde pegadizas melodías se funden con potentes riffs, algunos destellos progresivos y unas bases rítmicas demoledoras.

Grabado en los Abyss Studios esta vez de la mano de Tommy Tägtgren, el hermano del afamado compositor y productor Peter Tägtgren. Y por el resultado conseguido parece que el hermano mayor (Tommy), tiene el mismo talento como productor que el pequeño. Producción impoluta, como exige una propuesta tan detallista, todos los elementos brillan al mismo nivel, y así ahorramos problemas de egos.

“Mind Revolution” arranca fuertísimo con “Nightmares Nevermore”, buena cera para empezar, disipando las dudas de los que al ver la etiqueta Death Melódico pensaban que su propuesta iba a estar edulcorada. Melodía toda la que quieras, pero siempre acompañada de buena candela. Acaba el primer asalto breve pero intenso, y ya hemos entrado en calor para enfrentarnos de cara con uno de los mejores cortes del disco “Haunted by Shadows”. Un primer riff altamente adictivo al que siguen diversos cambios de ritmo a cual mejor, hacia medio tema aparece el break de piano (que se irá convirtiendo en un recurso bastante habitual), y lo que sigue a continuación es puro virtuosismo, las notas fluyen, las yemas de los dedos arden con tanto sube y baja, nos adentramos en el progresivo pero solo de pasada, sin profundizar en exceso, aunque si no lo hacen es porque no quieren pues calidad les sobra. Acabamos el tema con el mismo riff que lo inició, y es que cuando te sale un riff tan cojonudo hay que exprimirlo al máximo.

“Colliding in Mind” entra arrasando con todo, pura potencia apaciguada puntualmente con las melodías de rigor, y da paso a  “Dawn Will Break” esta sí, algo menos acelerada y más centrada en las melodías si cabe. “Uncloud the Sky”  afiladísima, con un pulso tremendo entre guitarras y teclados a ver quién puede más. Y es que en palabras de los propios Skyfire, ellos no conciben su música sin los teclados. Instrumento que tiene el mismo protagonismo en el plástico que el resto.

Pasado el ecuador nos encontramos el que a mi entender es el mejor corte del disco, “Shapes of Insanity” es un tema muy dinámico donde las bases de batería juegan un papel determinante, sabiendo homogeneizar tanto frenético cambio de ritmo y riffs entrecortados. El resto de instrumentos pues tan brillantes como hasta ahora, adictivos y técnicos a rabiar, hasta el cantante parece que anda más fino y todo.

“Blinded by Euphoria” y “Caged” nos preparan para el plato final sin bajar un ápice la calidad e intensidad del plástico. Y por fin “Mind Revolution” el corte que da título al disco y por ende el tema más soberbio del mismo. Unos melodiosos teclados dan el pistoletazo de salida y en breve aparece un tremendo ataque visceral, el juego entre ambas vertientes será constante durante todo el tema. Toda la atmósfera que rodea a este corte es muy épica, incluso majestuosa diría yo, capaz de transmitir aires de grandeza, un perfecto colofón para una obra magna.

Geniales Skyfire por una propuesta tan enérgica como melódica, por influenciarse de Children of Bodom e In Flames pero no copiarlos, por tocar con una técnica tan impoluta, por hacernos disfrutar durante cuarenta y tres minutos, por regalarnos otra masterpiece llamada “Spectral” al año siguiente, por seguir en la brecha aun sin haber cosechado el reconocimiento merecido, y porque en este 2013 se supone que nos van a volver a hacer vibrar. 

Un par de temitas a ver que tal:






domingo, 24 de marzo de 2013

HAMLET, La puta y el diablo (2009)


Artista: Hamlet
Álbum: La puta y el diablo
Género: Groove/Thrash Metal
Nota: 8,5/10







Desde sus inicios los madrileños Hamlet se han caracterizado por ser una banda capaz de generar amor y odio a parte iguales. Siempre a la vanguardia de las tendencias más de moda en el metal, jamás consiguieron el beneplácito del sector más conservador del metal. Pero Hamlet es mucho más que un grupo “fashion” al uso, más de veinte años en la brecha y diez álbumes a sus espaldas lo corroboran. Se me antoja imposible que un grupo “superficial” sea capaz de presentar un currículum musical como este.

Que un grupo quiera estar a la última en las tendencias metálicas no implica que carezca de personalidad propia, Hamlet ha conseguido con el paso de los años un sonido propio y auténtico, que los hace fácilmente reconocibles a las primeras de cambio. Sustentado en los potentes y pegadizos riffs de Luis Tárraga, la camaleónica voz de J. Molly, y las dinámicas e imaginativas bases rítmicas de Paco Sánchez.

Debido a este “modus operandis” de estar siempre a la vanguardia metálica, Hamlet ha navegado por varios estilos según la temporada, pudiendo encasillar su propuesta, hasta cierto punto, dentro de los patrones del Groove y el Metalcore. Cierto es que tuvieron un primer disco de corte Heavy llamado “Peligroso”, pero la banda siempre ha renegado de él. La verdadera carrera de Hamlet comienza en 1994 con “Sanatorio de Muñecos”, un trabajo que se movía a medio camino entre Rage Against the Machine y Pantera, dos bandas que por aquel entonces lo petaban. Groove machacón con letras algo rapeadas, disco pionero en la península de la moda de “bermudas y Adidas” que comentábamos el otro día en la reseña de Aspid.

Al cabo de dos años apareció su entrega más brutal y visceral hasta la fecha, “Revolución 12.111”. Orientados ahora hacia una vertiente más Thrash, el disco es una apisonadora de una hora de duración, donde uno tras otro te van lloviendo los coscorrones sin que te puedas reponer. Y como si de encontrar el punto medio se tratase, Hamlet edita en 1998 “Insomnio”. Considerado por muchos el disco más completo de su carrera, en el conjugaban a la perfección las vertientes Groove y Thrash utilizadas en sus dos anteriores trabajos.

A partir de ahí comienza la caída en picado, decepción para muchos (entre los que me incluyo) y alegría para otros. Hamlet ralentiza velocidad, profundiza (aún más si cabe) en las melodías vocales y suaviza distorsión. La banda va bajando peldaños hasta tocar fondo con “Syberia” y “Pura Vida”, tan suavizados que por momentos rozan el límite entre metal y pop.

Y cuando todo parecía perdido, cuando faltaba solo la última palada para acabar de enterrarlos, resurgen cual Ave Fénix y nos obsequian con este atronador “La Puta y el Diablo” que es, junto al “Revolución 12.111”, el disco más agresivo de su carrera. Caña burra de principio a fin, un sonido espectacular (se nota el fichaje por Roadrunner), duro, seco, certero, sin rellenos, demoledor, y un fallo garrafal que le hacen bajar al disco un cuerno del tirón, la filtrada voz de Molly. ¿Se puede saber quién fue el lumbreras que decidió filtrar la voz de uno de los mejores cantantes que ha dado el metal nacional? Innecesario totalmente, al final uno se acostumbra, pero es un fallo imperdonable.

Asunto vocal a parte, Hamlet firma su disco más “técnico” posible hasta la fecha dentro de sus “limitadas” posibilidades. Y lo pongo todo entrecomillado porque Hamlet jamás se ha distinguido por lo virtuoso de sus músicos. Potencia, garra, entrega, la que quieras y más, pero en su dilatada carrera los solos de guitarra se pueden contar con los dedos de una mano. Pero en este disco los madrileños se destapan y nos muestran todo lo que son capaces de hacer si se ponen. Temas más elaboradas y de mayor duración, como el primer corte “El Hábil Reino del Desconcierto” (que es por ende de los mejores del disco), que se mueve alrededor de los seis minutos de duración. O el temazo “No Habrá Final”, con un fantástico primer interludio instrumental de cuatro minutos de duración, para despachar solo un par de estrofas hacia el final del corte.

Tralla, tralla y “requetetralla”, mucha manteca suelta Hamlet en este disco, como si tuvieran que resarcirse de su época más “suavizada”. Una purga que logran con creces, pues incluso en los cortes más machacones hay espacio para los momentos parte-cervicales. En temas como “El Traje del Muerto”, “En el Nombre de Dios” (un pepinazo brutal), o “Escupe tu Vanidad”, vuelven a aparecer los blast beat de antaño. Riffs asesinos y la batería echando humo. ¿Queréis dos temas que salgan un poco de dicha dinámica? Pues ahí van.

“Siete Historias Diferentes” es uno de los mejores cortes del disco, en él destacan los originales riffs entrecortados de Tárraga y los diversos cambios de voz de Molly, con un estribillo maravilloso. Y como único tema “made in Insomnio” del disco tenemos “Revolución”, calienta gemelos pues este es un tema saltarín donde los haya. Un disco tan poderoso tenía que acabar por narices con un tema hercúleo, “Sacrificio” es un temazo de cabo a rabo de ocho minutazos y un final igual de progresivo que su inicio, donde durante unos segundos nos recuerdan a los dioses Nevermore (y eso es mucho decir).

Poco más, discazo en toda regla para los seguidores de la vertiente más potentorra de los madrileños, una vuelta a las raíces que esperemos sepan mantener (de hecho en el Amnesia de 2011 siguen por una línea muy interesante). Un excelente trabajo tristemente empañado por el problema con la voz de J. Molly.

Pues ahí lo lleváis el vídeo oficial de "Siete historias diferentes" y la genial "El hábil reino del desconcierto".



domingo, 17 de marzo de 2013

SUFFOCATION, Pinnacle of Bedlam (2013)


Artista: Suffocation
Álbum: Pinnacle of Bedlam
Género: Brutal Technical Death Metal
Nota: 8,7/10




Cuando Suffocation se incorporaron a la movida “deathmetalera” a principios de los noventa, se encontraron con casi todo el pescado vendido. Tampa se convirtió en la cuna de un montón de bandas de enorme talento y creatividad, que poco tardaron en marcar su territorio. Sobre los abruptos terrenos de Florida levantaron sus fortalezas infernales construidas a base de demoledores riffs, aplastantes baterías y berridos infrahumanos. Por momentos parecía que el mismísimo Satán hubiese elegido estas calurosas tierras, para engendrar en ellas al más duro y aterrador ejército de guerreros del Death Metal.

Cada formación supo encontrar su parcela y ganarse su particular séquito de seguidores. Como jefes del cotarro teníamos a Morbid Angel, el implacable tridente Azagthoth-Vincent-Sandoval vigilaba día y noche que ninguno de sus compañeros de armas, siempre al acecho, se les subieran a las barbas. Deicide se erigían como los “malos malotes” por antonomasia, Obituary se ocupaban de la vertiente más machacona y John Tardy sorprendía al mundo con su voz rota, aún inimitable a día de hoy. Cannibal Corpse (estos de Nueva York) se convirtieron en los que más camisetas vendían, con una décima parte del talento y originalidad de sus coetáneos, consiguieron hacerse con un público fiel. Si en ocasiones nos gusta hablar de bandas infravaloradas en la historia del Metal, con Cannibal sería todo lo contrario, pues posiblemente hayan sido una de las formaciones más sobrevaloradas que jamás haya tenido la escena. Por último toca hablar de Death, pero considero que “Devil Chuck” siempre estuvo un escalón por encima del resto, un genio de los pies a la cabeza cuyo legado no se puede comparar con el de ninguna de las anteriores bandas.

Visto este panorama pintaban bastos para Suffocation, solo quedaban dos opciones; o ser el mejor, o llenar el único hueco que faltaba por cubrir. Y eso es lo que hicieron precisamente los de Nueva York, que decidieron darle un plus de complejidad y dificultad a la propuesta del resto de formaciones, y se convirtieron por derecho propio en los padres del Brutal Technical Death Metal. Suffocation ya fue original desde sus inicios, en sus filas contaban con dos componentes de raza negra, algo no demasiado frecuente, pues en ocasiones parece que el Metal sea una disciplina “exclusiva” de la raza blanca. Y no queda ahí la cosa, os suena la palabra “slamming”, pues para los menos expertos os explico que son esos momentos en que el tema se vuelve tan denso, tan rocoso, que incluso parece que la canción se vaya a parar, unos poderosos “atascos” musicales que también fueron “inventados” por Suffocation.

Suffocation se plantó en escena con una propuesta muy personal, original y enrevesada. Jamás un tema de Suffocation fue “sencillo”, Terrance Hobbs y Doug Cerrito  no se conformaban con un buen riff para elaborar un tema, si no que cada canción de Suffocation contenía una cantidad de buenos ritmos que asustaba, mientras otros se agarrarían como garrapatas a ese “inspirado riff” y lo exprimirían al máximo, para los dos hachas no dejaba de ser uno más dentro de su inacabable arsenal “riffero”. Sumamos a ello la siempre dinámica y original base rítmica de Mike Smith a la batería, y la demoníaca voz de Frank Mullen, que consiguió llevar el growl a unos terrenos de densidad y oscuridad insospechados hasta la fecha, y ya tenemos a Suffocation en esencia pura.

A mediados de los noventa Suffocation decide darse un descanso, y no sería hasta el año 2004 cuando reaparecen con el tremendo “Souls to Deny”, un discazo de cabo a rabo que dejaba claro que el tiempo no había hecho mella en el buen hacer de la banda. Desde entonces han ido sacando discos con regularidad, siempre manteniendo un nivel altísimo, con mayor o menor inspiración según se tercie, pero siempre fieles a su estilo. Podríamos decir que Suffocation son una de esas bandas que jamás han sacado una obra magna, pero que se las han apañado para que todos sus trabajos se sean como mínimo de notable alto. Una banda que jamás defrauda, unos Primal Fear del Heavy, o unos Destruction del Thrash, sempiternos segundones honestos consigo mismos, un amigo fiel de los que no te fallan. Aun así, dentro de la rectitud habitual de Suffocation, en este disco observamos algunos pequeños detalles evolutivos que han enriquecido este “Pinnacle of Bedlam”, y lo han convertido en su mejor trabajo desde el mencionado “Souls to Deny”.

Comenzamos con la extraordinaria producción, nítida, detallista y equilibrada, que ha corrido a cargo del inseparable Joe Cincotta, que desde el retorno de la banda en 2004 ha ido ejerciendo las funciones de productor, ingeniero de sonido y mezclas según ha convenido. Pero sin duda esta vez se ha superado, y  ha conseguido que Suffocation suenen más limpios que nunca sin perder su rudeza característica. Una asignatura pendiente en sus primeros discos, pues su sofisticada propuesta chocó de frente con unas producciones que no siempre estuvieron a la altura. Supongo que conscientes de ello, en este disco deciden rescatar su clásico “Beginning of Sorrow” del tremendo “Breeding the Spawn”, y la verdad es que suena espectacular.

Otro aspecto a destacar es la fantástica labor de Dave Culross (ex Malevolent Creation), batería que ya estuvo en Suffocation en el EP “Despise the Sun” de 1998, y que tenía la difícil misión de substituir al gran Mike Smith, toda una institución en el metal extremo, un batería con unos fundamentos técnicos tremendos que gracias a la originalidad de sus bases rítmicas, ha sido fuente de inspiración para las generaciones venideras, demostrando al mundo que se puede hacer Brutal Death Metal de implacable pegada, sin la necesidad de infinitos blast beast a 250 bpm. Pues bien, Culross ha estado a la altura y de qué manera, con  un trabajo impecable, detallista,  con una batería llena de dinamismo que ha conseguido resaltar aun más la laboriosa tarea de Terrance Hobbs con su orgía de riffs y escalas imposibles. Seguimos con Terrance, ya que otro de los puntos fuertes del disco recae en la gran cantidad de solos, sin llegar a abusar, que se desarrollan a lo largo del disco, dando mayor importancia  a este apartado que en anteriores entregas, y aquí vuelve a aparecer la mención especial a la producción, pues los solos brillan y tienen un papel protagonista, lejos de quedar escondidos por el resto de instrumentos.

“Pinnacle of Bedlam” es un disco que atruena desde el minuto cero, ya el primer corte entra directo a la vena, de forma nada habitual, sin intro ni calentamiento previo. “Cycles of Suffering” es un castañazo made in Suffocation donde ya aparecen todos sus elementos característicos y las nuevas aportaciones anteriormente mencionadas, como el tremendo solo pasado el primer minuto del corte. El resto de temas nos ofrecen un poco de todo, “Purgatorial Punishment” se presenta como uno de los temas más complejos a nivel técnico del disco (más aun si cabe que el resto) y eso que paradójicamente es el corte más breve del disco. La cantidad de cambios de ritmo que ofrece en menos de tres minutos de duración es abrumadora. “Eminent Wrath” y la siguiente “As Grace Descends” son dos trallazos arrolladores, donde aparecen puntualmente algunos elementos más Hardcore que nos recuerdan por momentos a Napalm Death, otra novedad más a añadir a la saca.

Hacemos punto y aparte para “Sullen Days”, tema atípico que comienza con guitarras acústicas y que va ganando fiereza según avanzan los segundos. Merendarse un disco de Suffocation del tirón nunca es tarea fácil ni para los más expertos en la materia, y este corte actúa como un equilibrado contrapunto que nos otorga unos segundos de descanso cruciales para ordenar nuestro cerebro después de tanta densidad sonora. El resto de temas se mueven en los mismos guarismos de alta calidad acostumbrados, momentos de violencia extrema perfectamente ensamblados con interludios más machacones, infinitos cambios de ritmo, punzantes solos  y el insaciable Frank Mullen berreando como un poseso como si le fuera la vida en cada tema.

A estas alturas de la película, cada vez que Suffocation saca nuevo disco acostumbra a ser un puñetazo sobre la mesa para demostrar quién manda, y en esta ocasión han estado a punto de partirla. La salida de la banda de dos de sus miembros fundadores (Doug Cerrito en 1998 y Mike Smith en 2009) no ha conseguido hacer mella en los verdaderos padres y reyes del Brutal Technical Death Metal,  que están de vuelta, y esta vez han venido muy pero que muy inspirados, ahora depende de ti ¿los vas a dejar escapar?

Un par de vídeos a ver que tal, el primero es del tema "As Grace Descends", un vídeo bastante lamentable para una banda de sus características, pero es que Slipknot ha hecho mucho daño. Y el otro pertenece a "Sullen Days" el mencionado tema que aporta una calma relativa en la tormenta sonora de Suffocation.





miércoles, 6 de marzo de 2013

SOILWORK, The Living Infinite (2013)


Artista: Soilwork
Álbum: The Living Infinite
Estilo: Melodic Death Metal
Nota: 9,5/10




Soilwork irrumpió en la escena metalera a finales de los noventa, en plena ebullición del movimiento llamado “Death Sueco Melódico” o “Sonido Goteborg”, In Flames lo petaba con el mega adictivo “Colony”, Dark Tranquillity estaban súper consolidados después del tremendísimo “The Gallery” y el contundente “The Mind’s I”,  y Arch Enemy asombraba al mundo con el majestuoso “Burning Bridges”. La mayoría de formaciones se apuntaron fácil a la corriente ganadora, siendo meros plagios de los mencionados percusores. Pero Soilwork ya daba muestras desde sus inicios de que su propuesta iba un paso más allá, y una vez “imitados” a los maestros en sus dos primeros discos, pasaron a crear su propia historia con el innovador “A Predator’s Portait”, piedra angular en su discografía y que posiblemente jamás ha recibido el reconocimiento que merece. Su capacidad para evolucionar e innovar, sin miedo al qué dirán, los ha llevado a ser una de las bandas más importantes e influyentes dentro del panorama del Death Melódico actual, siendo incluso considerados por algunos los padres del Modern Metal.

Su proceso evolutivo siguió unos pasos similares al de otras bandas que, en diferentes disciplinas, también están en primera línea a día de hoy, como por ejemplo Kreator en el Thrash o Paradise Lost en el Gothic Metal. Dicho modus operandi consiste en una primera etapa más cañera y visceral, seguida de un impás donde bajan el pistón y se centran más en las melodías, hasta llegar incluso a “tocar fondo” si se me permite la expresión. Después de esto toca la remontada, con trabajos que conjugan a la perfección la tralla de antaño con los matices melódicos adquiridos en su etapa intermedia. Y eso es precisamente a día de hoy Soilwork, una banda que puede volarte los sesos con un riff asesino y a la vez desarmarte con una suave melodía.

Con estos antecedentes y después del tremendo “The Panic Broadcast” de 2010, estaba yo esperando este “The Living Infinite” con gran expectación y también con un par de dudas que paso a comentaros a continuación. La primera era ver cómo se las apañaban los de Helsinborg después de la salida de uno de los principales cerebros compositivos de la banda, el genial guitarrista Peter Wichers, que después de su flamante retorno en 2008 volvió a abandonar la banda en 2012. Y la segunda va directamente relacionada, en una época donde cada vez más se vive del single, y del éxito fugaz y olvidadizo, Soilwork se desmarca con un disco doble que contiene un total de veinte temas, ahí es nada. Así que ya me temía lo peor, siete u ocho temas de nivel intercalados con bastante paja. ¿Cuál ha sido la realidad? Sigue leyendo y lo sabrás.

Unas sencillas notas de piano son la antesala del primer cañonazo del disco, “Spectrum of Eternity” entra mordiente, viperina, cargada de mala ostia pero adornada con unas efectivas melodías vocales. Es un auténtico placer disfrutar de esos blast beast a todo trapo y esos mordientes riffs de los estribillos con una voz melódica sobrevolándolos, una técnica al alcance de pocos y que se repetirá en algún corte más a lo largo del disco. El tema es completísimo, el semi brakdown melódico es breve pero gustoso, al igual que el posterior solo. “Memories Confined” es de los cortes más lentos y pesados del disco, con unos teclados envolventes que nos recuerdan a los utilizados últimamente por Opeth, y combinados con las melodías vocales de “Speed” Strid le dan al tema un aire un tanto nostálgico muy especial. “This Momentary Bliss” es un temazo cien por cien Soilwork, un arranque muy dinámico donde teclados y guitarras se enfrentan en una adictiva escala, ritmos entrecortados y el posterior estribillo melódico de los que perduran durante semanas. Strid está espectacular mostrando una variedad de registros vocales que marea, de verdad que la progresión de este crack desde sus inicios a día de hoy es de elogiar, y más teniendo en cuenta que comenzó a cantar muy tarde (dieciocho años) y solo con registros guturales. Pero a base de esfuerzo y dedicación ha conseguido convertirse en uno de los mejores cantantes del género de la escena actual.

Punto y aparte después de la primera triada, ¿te ha gustado? Pues vamos bien colega, lo que te vas a encontrar en los diecisiete cortes restantes es una productiva mezcla entre los tres temas analizados, cortes a todo trapo, medios tiempos y algún tema algo más ralentizado, aunque incluso el tema más “suave” del disco acostumbra a tener su momento más acelerado. Si por mi fuera os haría un análisis tema a tema del resto del disco, porque de verdad que todos los cortes son de tanto nivel que da para ello, pero como no se trata de aburrir al personal con una reseña kilométrica, me voy a conformar con analizar brevemente los que considero más interesantes si cabe.

No me ando por las ramas y voy al mejor corte del disco, “Tongue” es el temazo por excelencia, con una estructura similar a “Spectrum of Eternity” combina caña burra con melodía de una forma magistral. El estribillo es totalmente rompedor, te desmonta de inicio debido a su exagerada melodía pero te acaba taladrando a base de bien. Y qué decir del interludio instrumental del minuto 2:45 y el posterior solo asesino, los suecos jugando a ser Dream Theater por unos instantes, absolutamente magistral.

“The Living Infinite I” es el corte con orientación más Modern Metal del disco, carne de MTV, hay que seguir alimentando a los fans conseguidos en su etapa más moderna, un tema sin excesivas complicaciones de los que siempre entran bien. “Let the First Wave Rise” y “Long Live the Misanthrope” (esta última con un tremendo solazo), son temas que pegan fuerte, y dan pie a otro comentario, y es el excelente trabajo de los dos hachas, que sin cebarse en exceso van sacándose de la chistera un montón de adictivos riffs y breves pero melodiosos solos, que junto a la gran labor de Sven Karlsson en los teclados, hacen que los temas pasen como el que no quiere la cosa.

En una línea de caña parda similar tenemos la fantástica “Leech”, tema veloz y potente con un estribillo melódico muy etéreo que actúa como perfecto contrapunto. “Realm of the Wasted” es otro temazo made in Soilwork, esos ritmos entrecortados, esa batería tan dinámica, y los constantes cambios de voces lo convierten en un tema muy apetecible. Y ya que menciono la batería turno de elogios para Dirk Verbeuren, un súper clase que ha trabajado entre otros para Aborted, Devin Townsend y Warrel Dane. Y que se vacía totalmente en este “The Living Infinite”, firmando sin duda su mejor trabajo en Soilwork hasta la fecha, con una variedad de ritmos y una creatividad que asustan, en los veinte cortes del disco su batería no cae jamás en la repetición o la mediocridad, y eso no está al alcance de todos.

“Whispers and Lights” y “Owls Predict, Oracles Stand Guard” se perfilan como dos cortes donde reina la melodía y destacan sobremanera (aun más si es que se puede) los registro vocales de Strid, curiosamente ambas sirven para cerrar el disco uno y dos respectivamente. Aunque el tema más “azucarado” del disco, (y no por ello malo) sea posiblemente “Antidotes in Passing”, una semi balada donde Strid sube al máximo, habrá que ver si es capaz de plasmarlo en directo.

Como habréis podido observar las dos dudas del inicio han quedado satisfactoriamente disipadas en sentido positivo. “The Living Infinite” es un discazo de cabo a rabo, sin ningún tema de relleno, un ejercicio de madurez compositiva donde los suecos demuestran que pueden salir adelante sin la presencia de Peter Wichers. Todos los temas están muy bien trabajados y estructurados, cada uno posee su propio feeling y elementos diferenciadores que los hacen únicos, incluso el disco en si mantiene un ritmo muy equilibrado que hace que su hora y media de duración pase en un santiamén.

Los que ya conocéis a Soilwork vais a quedar altamente satisfechos con este disco, para el resto os pido una oportunidad, no cometáis el garrafal error de encasillar a los suecos en los clichés de Metalcore para adolescentes con muñequeras negras y piercings en la nariz. Soilwork son mucho más, un solo tema de ellos contiene la misma complejidad que la mayoría de discos enteros del mencionado estilo. Un voraz simbionte que conjuga a la perfección la esencia del “Sonido Goteborg” de finales de los noventa con las tendencias más actuales. Originales, creativos, talentosos, y lo mejor, todavía muy jóvenes, así que por suerte tenemos Soilwork para rato.

Y aquí os dejo con un par de vídeos, el primero "Rise Above the Sentiment" es un vídeo cutre pero que sirve para ver que estos tíos son de lo más sencillos, y el segundo es el tema estrella del disco "Tongue".